El hombre con sus viajes migratorios y comerciales fue desde tiempos muy remotos partícipe de la introducción de especies exóticas en ecosistemas ajenos, provocando en gran medida y sin retorno una perturbación en los ecosistemas en los que insertaba ya sea que fuesen especies vegetales o animales. Esto aunado a la acción destructiva del hombre en cuanto a deforestaciones masivas, contaminación de aguas y suelos; impide que se dé una normalización natural que busque el equilibrio de los ecosistemas perpetrados.

Pero el daño no radica en la migración de especies, ya que ellas en determinadas circunstancias  migran con naturalidad, buscando un lugar dentro del ecosistema pero siempre haciéndolo sin desplazar a semejantes u opuestos.

Sin embargo, cuando este no es el caso, se ve que una gran cantidad de estos individuos introducidos sin discriminaciones algunas, no lograr adaptarse y simplemente no sobrevivirán y serán eliminados del sistema; mientras las que posean mayores habilidades de adaptación desplazarán súbitamente a las especies autóctonas, por lo que generaría graves repercusiones entre las especies que coexisten al punto tal de desnaturalizarlas aun cuando sean piezas fundamentales del medio.

La especie común de conejo, fue insertada por la zona sudoriental de Australia en el año 1859 por medio de una importación de navegantes europeos que se dedicaban al comercio en embarcaciones. Por petición de un propietario rural local quien sería el causante de un devastador desequilibrio ambiental, Thomas Austin era su nombre.

pareja conejos

Su intención principal era la de importar desde Inglaterra 6 parejas de estos peludos animales para hacer uso de ellas como presas de caza. Lo que terminó con una multiplicación explosiva de estos animales que no menguó tras no tener en la zona más depredadores naturales que el mismo cazador.

El conejo al no ser un organismo autóctono, se desarrolló masivamente fuera de su área natural, pasando a ser en abundancia dentro del hábitat nuevo, una especie invasora exótica –por haber sido insertada por el hombre- que producirá una alteración de la riqueza y diversidad del ecosistema penetrado.

Siendo catalogada como plaga ya que mientras le tomó siglos apoderarse de su hábitat británica, al hacer contacto con suelo australiano en solo cinco décadas se extendió por un área equivalente a más de la mitad de Europa.

Tan grave resultó la plaga de conejos que arrasaron con el alimento de los animales nativos, causando de esta manera la extinción de muchas especies autóctonas animales y hasta vegetales, tras su paso devorador en amplias zonas de los bosques.

No solo se vio impactado el ecosistema, sino que también la economía del país sufrió terribles agravios. Esa actividad que se basaba principalmente en la cría de ganado bovino, se vio menguada tras la pérdida de muchos ejemplares de esa especie.

Las medidas tomadas al respecto del caso fueron inminentes. Levantaron una valla anti-conejos para ponerles un freno a su rápido avance por el país. Los cazaban, valiéndose de medios como balas, trampas y en su extremo desespero intentaron envenenarlos e inocularles una enfermedad que los erradicara por completo.

plaga conejos

Su mejor arma fue de naturaleza biológica, que fue puesta en marcha en los años de 1950. La mixomatosis, una enfermedad viral transmitida por pulgas y mosquitos que atacan solamente a los conejos, causó en tan solo dos años la erradicación de al menos 500 millones de ellos. Aunque pronto se hicieron resistentes, ascendiendo su población a 250 millones. Pero 45 años más tarde, se ejecuta la segunda fase eliminatoria con la enfermedad hemorrágica que en tan solo dos meses erradicó a 10 millones de conejos. Se estima que para 2003 la invasión redujo su población en un 85%.

Se debe recordar de esta manera entonces, que no todos los viajes de comercio resultan satisfactorios, pues en casos como el de la introducción del conejo en Australia, un viaje en barco desastroso fue el causante de  desatar una de las peores plagas y más difíciles de combatir de todos los siglos.